Una vez más, los productores de tomate de México están siendo atacados  desde el norte de la frontera, teniendo a algunos productores del estado de Florida liderando un esfuerzo, en año electoral, para imponer altos aranceles a las exportaciones mexicanas. Para la administración de Obama, este recurso proteccionista representa una prueba de su  carácter, lo cual obligó a sopesar las demandas de un interés especial en contra de sus obligaciones comerciales y las necesidades de sus propios consumidores. Para el Gobierno Mexicano, el reto será luchar por una industria importante de exportación mexicana, en una etapa de transición.

Los productores de Florida han estado tratando de cortar las exportaciones mexicanas de hortalizas frescas durante décadas. En 1996, éstos presentaron un caso de antidumping en contra de México, que también coincidió con las elecciones presidenciales de los EE.UU. Evitando sabiamente una guerra comercial, el Gobierno de los EE.UU y los productores mexicanos firmaron un acuerdo para suspender el caso y fijar precios mínimos para los tomates mexicanos en el mercado de los EE.UU.  Este acuerdo ha funcionado bien, pero ahora los productores de Florida están exigiendo que el Gobierno de los EE.UU se aleje de éste y lo reemplace con un nuevo caso de antidumping que destruirá la paz de los últimos 16 años.

Más allá de la obvia motivación política, hay otra, igualmente egoísta razón para el actuar de Florida —es decir, que la industria mexicana solamente produce mejores tomates que Florida.  La industria mexicana se ha modernizado a través de los años.  En la década de los 90s, se perfeccionó el riego por goteo y se desarrollaron nuevas variedades de tomate que tenían una vida útil más larga.  En la última década, se han aumentado la calidad y el rendimiento con la tecnología hidropónica, el control climático y nuevos tipos de suelo.  Se han ampliado las opciones para los consumidores con nuevas variedades. Los productores de tomates de invernadero han invertido en todo el país, y la industria ahora se puede encontrar en la mayoría de los estados mexicanos.  Es una fuerza importante de exportación, dando empleo a 350,000 trabajadores.

Los productores de Florida no han hecho tales inversiones.  Ellos están tecnológicamente, décadas atrás. Sus campos están siendo expulsados de tierras de primera calidad por promotores inmobiliarios.  Ellos no pueden suministrar una amplia variedad de productos, y sus tomates duros, insípidos y reverdecidos con gas no se pueden comparar con los tomates madurados en la planta y las variedades producidas en invernadero.  En pocas palabras, ellos simplemente no pueden competir. Frente a estas deficiencias auto-impuestas, ellos están tratando de reavivar una guerra comercial, imponer impuestos a los consumidores de EE.UU. y eliminar empleos tanto de México como de los EE.UU.

Ni México ni los Estados Unidos pueden soportar la sacudida de una guerra comercial en estos momentos económicos tan delicados. Los consumidores de los EE.UU no van a tolerar un impuesto por motivos políticos en la línea de cobro, y México no va a poder soportar que le destruyan una importante industria creadora de empleos.  El Gobierno Mexicano no debería ver que los empleos de México desaparecen debido a políticas del norte de la frontera, y la Administración de Obama no debería destruir la paz que ha durado por 16 años.